La reorganización del Estado y la economía

Esta propuesta define cómo transformar la estructura económica y política de Cuba sin improvisaciones, con reglas claras y una transición planificada.

Bases para una nueva etapa nacional

1. Economía abierta y productiva

La prosperidad no surge por decreto. Se construye cuando se eliminan obstáculos y se garantiza que lo que cada persona crea o produce le pertenece.

La eliminación de monopolios estatales, la libre competencia de monedas, la privatización estructurada de empresas públicas y un sistema tributario simple forman parte de un modelo que busca devolver sentido al trabajo y al esfuerzo individual.

El objetivo es claro: que producir, invertir y emprender vuelva a ser viable y rentable.

2. Estado reducido y funcional

Un gobierno amplio y omnipresente no genera orden, genera dependencia. Esta propuesta plantea una reducción sustancial del aparato estatal, el fin del Estado como actor económico y límites firmes a la expansión del poder central.

El papel del gobierno debe ser proteger derechos, garantizar justicia y mantener reglas claras, no intervenir en cada decisión económica o social.

3. Justicia y seguridad al servicio del ciudadano

La ley no puede ser instrumento del poder político. Debe ser garantía para el ciudadano.

La eliminación de cuerpos represivos, la igualdad ante la ley sin privilegios institucionales, la descentralización de la seguridad y el reconocimiento del derecho a la autodefensa forman parte de un sistema donde el Estado no se coloca por encima del individuo.

La autoridad existe para proteger, no para dominar.

4. Fin del centralismo

La concentración de poder ha sido una de las principales causas del estancamiento nacional.

Esta propuesta plantea una reorganización hacia una confederación de provincias, una presidencia sin concentración ejecutiva excesiva y mecanismos de participación directa en decisiones clave.

Fragmentar el poder no debilita al país; lo protege.

5. Transición ordenada

Transformar las reglas no implica desorden. La transición requiere etapas definidas, reformas coordinadas, apertura comercial inmediata y una negociación estructurada de obligaciones financieras.

El propósito es avanzar con estabilidad y dirección clara, evitando vacíos de poder o improvisaciones.

Cuba enfrenta un agotamiento estructural: económico, institucional y moral. No basta con cambiar nombres ni administrar el mismo modelo con otros discursos. Esta propuesta define un rediseño integral del país: reglas estables, límites claros al poder, apertura económica y una transición organizada que devuelva responsabilidad y capacidad de decisión al ciudadano.

Aquí se describe cómo reconstruir las bases para que la libertad sea el principio operativo del Estado.

Esta propuesta no busca administrar lo que existe. Busca establecer nuevas reglas para que el país avance sin depender del control político.

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