Estas son nuestras posiciones

Estas posturas están pensadas para quienes quieren un país donde trabajar tenga sentido, donde la ley proteja y donde el poder no lo controle todo.

Qué defendemos

La soberanía del individuo

Defendemos que la persona es anterior y superior al Estado. El poder político no concede derechos; como máximo, los reconoce y los protege. La vida, la propiedad y la libertad de cada individuo no pueden estar subordinadas a proyectos colectivos ni a estructuras que se perpetúan sobre la sociedad.

Límites estrictos al poder gubernamental

El poder debe estar sujeto a reglas vinculantes. Las decisiones deben surgir de los afiliados, no de una élite permanente. La estructura organizativa que proponemos es descentralizada, basada en células autónomas y en un sistema de democracia líquida donde los resultados son obligatorios.

Autopropiedad y no agresión

Sostenemos que cada ser humano es dueño exclusivo de su vida, su cuerpo y su mente. Ninguna autoridad puede disponer de ellos. Nos oponemos a la iniciación de violencia injustificada para imponer objetivos políticos o sociales. El poder no puede fundarse en la coacción arbitraria.

Transparencia radical

Toda decisión política y todo movimiento financiero deben poder ser auditados por los afiliados. El poder sin supervisión se expande. La supervisión constante lo contiene.

Economía sin monopolios estatales

Defendemos el derecho irrestricto a producir, comerciar e intercambiar voluntariamente. Rechazamos los controles de precios, los monopolios estatales y la intervención que impide que los cubanos participen libremente en la actividad económica.

Derecho a la autodefensa

Defendemos el derecho de cada persona a proteger su vida, su integridad y su propiedad. Esto incluye el derecho a poseer y portar armas para defensa legítima.

El monopolio absoluto de la fuerza en manos del Estado ha sido históricamente un instrumento de control. Una sociedad libre reconoce que el ciudadano conserva el derecho a su propia protección y que este no depende de la discrecionalidad del poder político.

La prosperidad no nace del control, sino de la libertad para crear, decidir y asumir responsabilidad.

Cuba no necesita una nueva versión del mismo esquema. Necesita reglas distintas, instituciones distintas y ciudadanos que comprendan el valor de sostenerlas en el tiempo. Lo que determina el futuro de un país no son las promesas, sino el diseño de sus instituciones y los límites que impone al poder.

Una nación estable se construye cuando las reglas son previsibles, cuando la propiedad está protegida y cuando el gobierno sabe hasta dónde puede llegar y hasta dónde no. Esa transformación no ocurre sola. Requiere personas dispuestas a organizarse alrededor de principios firmes y a defenderlos con responsabilidad.

Si crees que Cuba merece ese nivel de cambio estructural, el siguiente paso es formar parte de quienes están construyéndolo.

Queremos el fin del Estado total

Durante décadas, el poder político ha controlado la producción, la información y la seguridad personal. Defendemos un modelo donde el Estado no administre la vida económica ni regule cada decisión individual. Un país no se reconstruye ampliando el poder que lo asfixió.